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Mostrando las entradas con la etiqueta Julio Cortázar

Olvidándome de la academia II: un cuento de 1996

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En 1995 gané un concurso de cuento de un colegio de Bogotá. Al año siguiente, volví a participar, pero esta vez con menos suerte. Sin embargo, repasando estos textos, por alguna razón me siento más afín con éste: quizás porque menciono elementos que, tiempo después-léase: en presencia de la academia- retomé de una u otra manera. Leyendo el cuento ahora, me entiendo de una manera: es prácticamente una reescritura de "La continuidad de los parques" de Cortázar. Ahora bien: eso lo entiendo ahora, pero en su momento nunca fue mi intención escribir algo así. Esto implica necesariamente que tenía sus postulados de manera inconsciente. Seguramente los sigo teniendo, pero quizás ahora los muestro de manera consciente. El cuento se titula "La realización de las letras", y fue escrito en septiembre de 1996. Hace once años. Dios, cómo pasa el tiempo a pesar de las letras. _______________________________________ La Realización de las Letras ...

Regreso al metro

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Dada la nueva ubicación de mi casa, me es completamente necesario descubrir las distintas maneras en que puedo llegar a ella, ya sea en bici (buscando estaciones de bicing, en donde puedo tomar o dejar la bici tomada), bus o metro. El bus lo tengo claro, ya que está a dos cuadras: la línea 41 que en una media hora me deja a dos cuadras de la uni, pero que cuenta con la gran alegría de que la estación de regreso queda exactamente al frente de mi casa. Siempre que veía estaciones así, pensaba en la alegría de aquél que, una vez su hubiera bajado del bus, se encontraría de frente con su hogar. Ahora, este es mi caso. No hay mayor novedad, no obstante, con la línea de bus: es la 41, la misma que a veces tomaba para ir a mi casa en Viladomat. Sin embargo, lo que ha cambiado definitivamente es el metro. Cuento con la L1, que atraviesa parte de la ciudad transversalmente, acercándome a Plaza Universitat, Plaza de Cataluña, Urquinaona y Arco del Triunfo en menos de quince minutos. La estación ...

El metro

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El metro barcelonés, con sus usuales retrasos y viento recalentado. Esta mañana me vi en la obligación de tomar el metro porque debía estar temprano- como lo estoy ahora mismo- en la universidad. Cuando no hay tiempo, cuando no hay divertimentos, siempre podemos contar con el metro . Venía oyendo el disco Dopádromo de los Babasónicos, y entonces la música, ese conductor sentimental, me condujo por los senderos subterráneos hacia otro yo, hacia otra ciudad y hacia otro tiempo. Hace ya casi diez años, conocí París; llegué, entre otras cosas, con un casette grabado por unos amigos, y una agenda en la que debía anotar meticulosamente todas mis impresiones. Estos dos objetos se convirtieron para mí en botes salvavidas en un constante mar de leva. Mis pretensiones, apenas evidentes cuanto más ingenuas, consistían en recorrer el metro a través de una óptica cortazariana que me permitiera perseguir , sin caer en cuenta de que yo, en últimas, era el verdadero perseguido por todo lo que había d...

París: ritmos de una ciudad

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Llegó a mis manos, luego de una logística que sólo puedo calificar de afortunada, el texto del libro París: ritmos de una ciudad , escrito por Cortázar y acompañando unas fotos de Alecio de Andrade. Al ver que su encuentro en Barcelona sería sencillamente imposible, me puse en contacto con Álvaro Castillo, librero reconocido y dueño de "San Librario", en Bogotá. Gracias a él ya había conseguido otro libro de Cortázar, y por eso pensé que me ayudaría de alguna manera. Y no fue una iniciativa estéril, puesto que, una vez le dije el título, él mismo me repitió el año, la editorial, y demás datos bibliográficos. Me dijo que el libro era prácticamente inconseguible, y que él había visto solamente tres en su vida, dos de ellos acá en España. Caí en cuenta, entonces, de que me estaba enfrentando con uno de los grandes mitos bibliográficos cortazarianos. Castillo, de inmediato, me ofreció otros dos textos que llamaron mi atención rápidamente, y le pedí que me los reservara, hasta que...

Los bouquinistes

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Las librerías de segunda mano gozan de un misterio del azar muchas veces indescriptible. Si bien es verdad que en muchos casos acudimos a ellas en busca de un libro en particular, no estamos, naturalmente, frente a toda la verdad: en medio de los mares de páginas ya leídas y subrayadas, nos espera algún libro sorpresivo, ha llegado hasta allí de alguna manera. Todos los libros de la colección Borges cuentan con el mismo prólogo, y recuerdo haberlo leído precisamente en uno que incluía algunos cuentos de Cortázar. El prólogo usaba la idea inagotable del libro que espera a su lector ideal. Por esto, concluía con una frase que era algo así como “Espero que sea éste el libro que te ha estado esperando.” En ese entonces, estaba casi convencido de que el libro que me había estado esperando desde hacía años era Romeo and Juliet , y quizás fue por esto que llevé a cabo interminables lecturas, acompañadas de experie...

El azar objetivo

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Como siempre, un viaje a París es más que un desplazamieno físico. Es volver sobre un libro medianamente leído, con la gran ventaja de enfrentarse al libro de arena de Borges. Sé que esto no pasa únicamente en París, puesto que muchas otras ciudades cuentan con la increíble facultad de representarse y recrearse a sí mismas. Con París me pasa siempre igual: olvido sus calles cuando no estoy allí, y pasa a formar parte de un recuerdo literario, de una conversación mantenida con las eventuales dificultades mnemotécnicas. Sin embargo, y he aquí el encanto, siempre que vuelvo emprendo el mismo recorrido: desde el boulevard Saint-Michel por la rue Soufflot hasta el Panteón, luego la plaza St. Jacques y la rue de l'estrapade, hasta la plaza de la Contrescarpe y bajar por la Mouffetard hasta dar con la Avenue des Gobelins y encontrarme de frente, muchos minutos después, con la Place d'Italie, y entonces volverme y ver como una silueta imperiosa el Panteón, y más lejos la torre. A medid...