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Mostrando las entradas con la etiqueta Barcelona

Vuelvo a ti, Dolores

Al volver a la ciudad, comprobé aquello que me habían dicho: mi Avispón Gris, enferma como hasta el momento lo ha estado, volvió a incapacitarse, esta vez aparentemente por una bujía o un desperfecto eléctrico. Caminé con incertidumbre hasta la esquina de Viladomat con Mistral, allí mismo donde había dejado meses atrás parqueada a Dolores de Andalucía, mi bici vinotinto que porta la elegancia femenil de las Grandes Damas de antaño, y sentí verdadera felicidad cuando la reconocí, allí mismo estaba, libre de la hamponería y vandalismo que caracteriza las calles del barrio— de cualquiera— de Barcelona. Esta mañana la tomé para ir a jugar fútbol; luego para ir a correos; luego para regresar a casa. Ya en la noche, luego de haberme dirigido a Paseo de Gràcia y haberla dejado parqueada al frente del Hotel Majestic mientras atendía a una invitación en el Tibidabo, regresé con la tranquila aún temerosa tranquilidad de encontrarla allí mismo. La ausencia de aire en las llantas hace que su rodam...

Hotel Dante

Siempre me cuesta algo de trabajo decidirme por un camino a casa, sobre todo cuando tengo un ramillete de posibilidades para escoger. Esto sólo sucede cuando se está estrenando camino a casa, que es precisamente lo que sucede ahora. Sin más, aún tengo que venir de la vieja casa casi a diario, porque desocupar un piso de las pertenencias propias es abrir los ojos y reconocer todos los objetos inservibles que vamos recolectado—que a pesar de ser inservibles y de disfrutar de un nuevo nacimiento a la realidad, empolvados y hasta entonces ignorados en alguna esquina de un diván, en la segunda aldaba de una biblioteca café que jamás me gustó, o detrás de esa linda mesa de luz que ha ocultado su blanco después del tiempo. Con una mochila atravesada en la espalda y un cubo metálico y cilíndrico apretado en la canasta del bicing, decidí tomar Valencia hasta encontrar de frente Enric Granados. En algún punto, como siempre, intento evitar las largas cuadras, y dejo a la bici zigzaguear por larga...

Una buena salida

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Una buena salida de casa: decides recurririr al camino más largo a pesar de tomar un transporte público, subiéndote lejos de tu casa y bajándote lejos de tu destino. Encuentras el cartel de una conferencia que jamás hubieras imaginado ir, llamas a reservar dos cupos, y te informan que son los últimos. La música suena bien, y eso que la estás escogiendo tú mismo, liberado como no estabas desde hace mucho del shuffle, y el clima te recuerda el bogotano y la brisa es fría, purificadora, y los andenes están concurridos y jamás imaginaste bajar por esa calle mirando hacia todas partes, caminando hacia el trabajo, con la convicción profunda de que vas hacia un lugar mágico. Entonces antes de entrar en el vagón del metro un niño serio te sonríe, y jamás habías pensado, siquiera imaginado esa vieja frase de “cuando un niño sonríe una ciudad nace en alguna parte del mundo”, pero es precisamente lo que sientes mientras su madre desciende del vagón empujando el stroller, el niño apenas tiene dien...

El secreto de Emma de Barcelona

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Jamás había visto un jardín así de escondido. Más de una vez había pasado por esa misma calle, subiendo en contravía en bici, apenas a una cuadra de la estación más cercana, y sí había visto la obra, las mallas largas y polvorientas, y algunos trabajadores azotando el pavimento con pesadas máquinas, pero jamás supuse que detrás de esa puerta metálica se escondía un secreto absoluto. Secreto puesto que jamás esperaría ver esa estatua de mujer meditabunda, con los brazos en cruz, encerrada en un círculo exhuberante de verdor, con la mirada perdida en alguna parte del horizonte cortado. La monja Emma está en un escenario circular, y sorprende que el caminante que descubre el jardín no la descubrirá a ella hasta situars e desde un ángulo preciso. Todo el ambiente es misterioso: una pequeña entrada desde la Calle Comte Borrell, difícilmente apreciable sino es para quien va en bici o caminando, y cuenta con algunos segundos para entrar por el largo corredor de carretera destapada para encont...

Back in town

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Luego de haber puesto mi sueño en orden, decidí que era momento de salir a enfrentar la ciudad, camino hacia la uni. Entonces el sol estaba medianamente implacable, un viento cálido recorría la calle Calabria, y di fácilmente con la primera estación de Bicing. Entonces bajé por la Calle Comte Borrell, esperando el recorrido preciso para conocer de nuevo la ciudad (porque se conoce una y otra vez), sin saber por dónde iría pero convencido de que en cualquier momento me llegaría, como un rayo luminoso, entonces decidí girar por Gran Vía, y a la altura de Plaza Universitat, tomar la calle Tallers. Estaba en obra, cosa que me gustó, porque implicaba necesariamente tomar un recorrido alterno. Giré a la derecha pasando al frente de la nueva facultad de la UB, y luego fue la calle Elisabets, pasando la Plaza Bonsuccés, y así bajé por unas Ramblas atiborradas de turistas, pieles morenas y, extrañamente, poca cerveza. Al pasar al frente del Palau de la Virreina recordé a Martina, quién sabe en ...

La multitud, el fuego, la foule

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Lecturas para la tesis me han dejado postrado, una vez más, frente a una idea que siempre será digna de análisis y de divertimento absoluto: la multitud. Leídos algunos artículos de Benjamin sobre Poe y Baudelaire ("The man in the crowd", del primero; "À une passante", del segundo), viene a mi, con toda la fuerza, la posibilidad performativa: encontrar una masa en Barcelona. La masa, la foule más horriblemente seductora que he visto, autómata e impávida, ignorante y atrevida, pasional y olorosa, fue en las calles de Hong Kong, hará un par de años. Fue desde una tienda de ropa, y la escena fue tan deslumbrante que tuve que hacerle una foto para recordar lo que era una masa humana después de esperar durante dos o tres minutos mientras cambiaba el semáforo de peatones- es un ejemplo fácil, máxime sabiendo que en China todo es hiperbólico. Sentí tranquilidad de no estar en ella; y, desde la vitrina, contemplé pausadamente su marcha ciega. Desde la vitrina busco ese es...

El metro

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El metro barcelonés, con sus usuales retrasos y viento recalentado. Esta mañana me vi en la obligación de tomar el metro porque debía estar temprano- como lo estoy ahora mismo- en la universidad. Cuando no hay tiempo, cuando no hay divertimentos, siempre podemos contar con el metro . Venía oyendo el disco Dopádromo de los Babasónicos, y entonces la música, ese conductor sentimental, me condujo por los senderos subterráneos hacia otro yo, hacia otra ciudad y hacia otro tiempo. Hace ya casi diez años, conocí París; llegué, entre otras cosas, con un casette grabado por unos amigos, y una agenda en la que debía anotar meticulosamente todas mis impresiones. Estos dos objetos se convirtieron para mí en botes salvavidas en un constante mar de leva. Mis pretensiones, apenas evidentes cuanto más ingenuas, consistían en recorrer el metro a través de una óptica cortazariana que me permitiera perseguir , sin caer en cuenta de que yo, en últimas, era el verdadero perseguido por todo lo que había d...

Voyant

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El miércoles es la suspensión del péndulo en su estado más elevado: el instante de tomar la respiración para zambullirse dentro del agua gélida. Camino Barcelona los miércoles intentando encontrar una Barcelona oculta, una Barcelona romántica, una Barcelona insólita, un bosque cuyos senderos se bifurcan a partir de cada raíz, y una calle que devuelva a la capital del deseo sin necesidad de tomar una curva. Una Barcelona mística bajo la sombra del Sant Pau, una Barcelona ajena por María Cubí, una Barcelona desgarrada por las esquinas de Joaquín Costa, una Barcelona cuadriculada por la calle Aragón, una Barcelona señorial por Enric Granados, una Barcelona imposible por los confines de la Barceloneta, una Barcelona villana por Parallel, y una Barcelona pendular en las bancas del Parc de la Ciutadella. Caminar sus calles, atravesar sus pasajes desconocidos, recorrer las mismas calles a la altura del suelo en buses, tocando su superficie rugosa caminando, sintiendo el sonido de los carros ...

El minotauro

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El barrio Gótico de Barcelona es un laberinto, y jamás sabremos en qué momento nos encontraremos con el Minotauro. De lunes a jueves voy en bici hasta la universidad, que queda prácticamente al otro lado de la ciudad. Me gusta ir oyendo música mientras veo cómo va cambiando la arquitectura y el ambiente de cada uno de sus barrios. Hasta hace poco tenía mi ruta establecida: tomaba la ciclovía de Consell de Cent, y me iba en línea recta hasta el Passeig Saint Joan, por donde descendía con aire heróico hasta el Arco del Triunfo. Una vez a llí, volteaba hacia la izquierda, rodeando el Parc de la Ciutadella, y no pasaba mucho hasta encontrarme de frente con la calle Wellington, ese gigantesco pasaje en donde se encuentran ciclistas, peatones y el tranvía. Me gusta el verde de esa recta, y no puedo negar la fascinación que siempre siento cuando tengo oportunidad de oír al león del zoo rugir a pocos metros, detrás de la muralla de ladrillo. El regreso era prácticamente igual, con la excepción...