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Magritte insólito

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Y luego, precisamente luego de esos ojos de vida muerta, de esa mirada que contrajo hasta al corazón más esquivo, apareció esta otra mujer insólita, también desconocida para mí. Hoy, ocho días después de la tormenta, volví a ella, y pasé de unos ojos llenos de vida , a unos ausentes, en contraste desaforado con la escena, ignorando esas otras aves que, indifentes a la escena grotesca y obscena, ya esperan ser devorados sin preocupación alguna, ya presencian el extraño ritual con un aire de testigo indiferente. Si bien la lengua de esta Jeune fille mangeant un oiseau de Magritte se confunde con la carne devorada, los ojos están precisamente fuera de escena . La sangre salpicada en los dedos y en el cuello marrón de una hasta entonces jeune fille inocente me producen un espanto completamente diferente al de la muñeca de Bellmer. Me intriga ese aire de nefasta indignación, de inercia demencial en el proceso de devoración, en esos ojos que pretenden apartar la acción de la pasión. Puede...

Lady Ligeia

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El viernes en la mañana, mientras ojeaba el catálogo de la exposición La Révolution Surréaliste realizada en el Centro Pompidou entre marzo y junio de 2002, me encontré con esta suntuosa creación de Hans Bellmer, perteneciente al grupo de obras tituladas La muñeca , datando ésta de 1936-1938. La vi pronto, no debían ser más de las diez de la mañana, y desde entonces he venido pensando en la manera como debía introducirla a este espacio virtual. No pretendo disculparme, pero sí siento que el terrorífico embrujo sensual que sentí fue algo de lo que difícilmente me he podido librar en estos días. Encontré, sin haberlo pedido, todo el encanto del horror expresado una y otra vez por Poe en sus cuentos dedicados a diversas mujeres. Desde siempre he sentido una indescifrable obsesión por Poe; cuando me pregunto el por qué me siento completamente atraído, no puedo hacer más que concluir que lo que siempre busco en su lectura es precisamente la posibilidad mágica y horrible de ser, por lo meno...

La topología del ojo

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Desde hace unos diez días he estado visitando la óptica universitaria, al lado de la uni, en una hasta el momento imposible búsqueda por lentes de contacto. Recuerdo, cómo no, la misma experiencia en Bogotá: probarme cada día un par nuevo, sólo para darme cuenta-o recordar, porque es algo que fácilmente puedo olvidar- que la topografía de mi ojo derecho no es completamente esférica, produciendo así un giro del lente del contacto sobre el ojo, impidiéndo a su vez una mirada cristalina. No deja de llamar la atención el momento mismo en que el lente gira: es como una lenta progresión hacia la distorsión de las imágenes, y me convenzo cada vez de que estoy mirando a través de un lente deformador. Intento cada vez dar la descripción más acertada de la manera como veo con los lentes: una mirada desequilibrada- cuando siento que veo mejor por el ojo izquierdo que por el ojo derecho-, una mirada desértica -cuando por cualquier motivo, sea por las horas o por el clima que el lente reseca el ojo...