La fila
Hacer fila puede ser fácilmente una de las grandes características de la civilización. Sería interesante descubrir en qué momento alguien logró organizar, de manera tan sencilla, eventos tan caóticos. Hace un par de días estaba en el banco; como no se puede hablar por teléfono celular desde allí, el hombre que estaba adelante mío, apenas escuchó su timbre particular, me pidió que le guardara el puesto, y salió del banco. Yo me quedé pensando en el valor simbólico que tiene el cuidar el puesto del otro, del desconocido. Tardó más de quince minutos, los mismos que le tomó a la fila avanzar hasta que quedé a tres personas de la ventanilla. Pensé que si llegaba mi turno, no podría seguir cuidándole el puesto al hombre, obligándome a incumplir mi palabra. ¿Pero qué palabra era esa? Hay un acto casi impúdico en confiar tanto en el desconocido para cuidar el puesto que es, en otras palabras, usar el tiempo perdido de la fila en otros eventos más fructíferos. Yo también lo he hecho en algún mo...