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Mostrando las entradas con la etiqueta mirada amorosa

Before everything

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Sentado en mi escritorio, a medida que escuchaba avanzar los truenos que siempre aparecen por estas horas en el aire bogotano, y luego de haber terminado algunas cuestiones de la editorial, me dejé sorprender por la lluvia mirando la segunda parte de esa película que en muchos aspectos resuelve el futuro desolado de aquellos dos amantes que se conocen en Viena y se prometen volver a encontrarse en el muelle de la estación, seis meses después. Sentí alegría, debo aceptarlo, al saber que no se encontraron; que algo falló, que la cita se incumplió, porque desde siempre he considerado que las historias de amor tienen, necesariamente, que cumplir con su sino trágico. Así como en la primera entrega el momento que más disfruté es cuando los dos, sentados frente a frente, simulan llamar a aquél que los está esperando en alguna parte, permitiéndose así llenarse la boca de palabras de amor y de reconocimiento ante la seducción amorosa que sintieron, en la segunda entrega sentí un verdadero place...

"Ephemera", W.B. Yeats

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"Your eyes that once were never weary of mine Are bowed in sorrow under pendulous lids, Because our love is waning." And then she: "Although our love is waning, let us stand By the lone border of the lake once more, Together in that hour of gentleness When the poor tired child, Passion, falls asleep. How far away the stars seem, and how far Is our first kiss, and ah, how old my heart!" Pensive they paced along the faded leaves, While slowly he whose hand held hers replied: "Passion has often worn our wandering hearts." The woods were round them, and the yellow leaves Fell like faint meteors in the gloom, and once A rabbit old and lame limped down the path; Autumn was over him: and now they stood On the lone border of the lake once more: Turning, he saw that she had thrust dead leaves Gathered in silence, dewy as her eyes, In bosom and hair. "Ah, do not mou...

En la altura

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Mi paso por la ciudad implicó un doble vacío: no me quedaría allí, y de quedarme no te habría encontrado. En pleno descenso sentí los cero grados con los que recibiría a sus viajeros, todos de madrugada. Caminé lo justo, buscando la puerta asignada, atravesando controles infames, policías injustos, sabiéndome en tenso movimiento. Sin embargo tu presencia etérea aplacó cualquier sentimiento de soledad, porque tú eres aeropuerto, eres estación, eres pasaje, eres puente, eres movimiento. Las ciudades, ya lo sabíamos, juegan nuestro juego: paso por aquella que nos vivió dirigiéndome a aquella otra a la que pertenecemos, pero que jamás nos ha cruzado. Tú, por tu parte, estás en una ciudad que desconozco, que de hecho hasta antes de tu viaje había cargado con dolores del pasado y tétricas divagaciones— en ti recuperé la ambición de la playa lisboeta— y dentro de algunas semanas irás a otra que conozco como ninguna. Somos la calle, somos el pasaje: en nuestros ojos se puede leer la dirección ...

Le chill

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Entre las variadas y siempre alternativas posibilidades de expresión amorosa, sin lugar a dudas la musical abarca todos los escenarios y bambalinas de cualquier educación sentimental. Cuando Dorian accede a tocar un Nocturno en aquella estancia interior, Lord Henry suspira de manera divina: “Gracias a Dios nos queda por lo menos un arte no imitativo.” Y esto es porque la emoción sentimental de la música sólo se parece a sí misma, sólo se imita a sí misma: nada más vive fuera de ella, y sin lugar a dudas se consagra en el paladar de cualquier oyente de una manera certera, precisa y gloriosa. Crear, pues, un playlist no es más que la sistemática traducción de una carta de amor. Desde hacía meses venía trabajando en un playlist que de alguna manera reflejara mi plancha de anatomía sentimental : que cada una de las canciones diera fe, calcada al carboncillo o registrada en daguerrotipo, de cada una de las emociones que venía configurando desde un cambio de mirada— así, pues, no es sola...

Promenade dans tes yeux

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Man Ray fotografía un ojo mirando al cielo mientras dos lágrimas se dejan caer. Un ojo que viaja a través del cielo terrestre, buscándose camino por entre los matorrales de la ciudad, abriéndose campo entre las verbenas, los gritos, los malhumorados verduleros de Les Halles, a través de los rugidos hirvientes de las escamas del metro que, si se quedara allí postrado, le harían perder su voz sin remedio alguno. Ojo incoloro que desprende un hálito de colores y aromas recobrados, surcando las aceras empedradas de la rue Berger, de la rue Saint-Merri, espantando malhechores tardíos, espetando con su firme andar nocturno y meditabundo a los chiffonniers a quienes ha dejado el paso del tiempo y aún, con una celeridad apenas comprendida en viejas fotografías de Brassai, dan fe de su gloriosa reputación. Un ojo que es mirada que es bosque que es ciudad, un ojo que es búsqueda que es aventura que es pasión. Una mirada que resucita el llanto inocente de un recién nacido en un mundo vulgar, pr...

My eyes adore you

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Me declaro un noctámbulo de tu mirada silenciosa. Cada noche sacrifico mis horas de sueño para contemplar tus ojos durmientes y ver cómo dans ce trou noir ou lumineux vit la vie, rêve la vie, souffre la vie . A medias ascuas luminosas todo es tiniebla; luego surgen tus contornos, con mi mirada tallo tus siluetas como un dedicado Pigmalión que por gracia divina sustrae la vida de un bloque de mármol negro. Luego todo es luz y misterio. En tus mejillas visito el Mar Rojo y en tus suspiros durmientes viajo a islas primitivas donde jamás se pone el sol y se esconde la luna. En el verde pálido de tus pupilas escondidas reconozco el horizonte donde copulan las tormentas, el bosque donde se esconden las mujeres desnudas, las calles desérticas que desde siempre han dado forma al misterio. Afuera todo es calma; afuera es la bruma gris de un cielo holandés, afuera es la complicidad de una promenade de manos apretadas, afuera son los labios como estampillas olvidadas en cartas jamás enviadas: af...

Hommage à la fugitive beauté

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Ya me había parecido verte detrás de algún mostrador de alguna biblioteca pública, buscando entre una montaña de libros alguno que yo había pedido: no recuerdo el título pero sí te recuerdo a ti, con una sencilla camiseta gris que mostraba los contornos de tu cuerpo suave y almidonado, permitiendo al café de tu pelo crear algún tipo de marea misteriosa en la medialuna de tu espalda. Entonces supe que debía pedir todos mis libros después de cierta hora, porque no me tomó mucho comprender que estabas allí de medio tiempo, sobre todo en las noches, y eso que desde siempre me ha parecido que las tardes invernales resaltan la belleza efímera. Pero nunca la organización de los días será del todo benévola, porque hubo un día en que dejaste de ir; jamás supe por qué, no podría ser de otra manera ya que jamás logré hablarte más allá de dos o tres préstamos que aún estaban pendientes. Sé que alguna vez te sonrojaste cuando pregunté por un título, y sé que más de una vez puse cara de tonto cuan...

Vorágine

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11:20 pm, estación Urquinaona. Mientras espero el metro de la línea roja que me llevará hasta Rocafort, veo a mi lado una pareja de amantes que se besan lentamente, indiferentes al tiempo, a la hora y al sentir mundano de estos rieles. Intento leer un libro de Réda, y sólo escucho el crujir de sus chaquetas de cuero. Hay una pasión explotando en sus bocas, que intenta depurarse a través de sus brazos, de sus manos desenguantadas. Los amantes que se besan en las calles, en los andenes de metro, en las estaciones de bus, en los parques fríos, en los monumentos olvidados, en las escaleras que no llevan a ninguna parte, en los callejones fríos y en los pasadizos multitudinarios, son dueños del tiempo. Postrados sobre los límites de lo terrenal, observan el mundo invertido en la lengua del otro. Hay una lucha a muerte amorosa y golpe de gracia divino en cada uno de los lateres del cuerpo ahora agazapado. Llega el metro, se sientan en la última banca. Este vagón está repartido en espacios cu...

Sobre la carta de amor (II)

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El amante que escribe una carta de amor está rodeado de una vanidad infinita. Centro de su propio universo, desea que el sentimiento amoroso, como un ciclo lunar, lo rodee de una manera precisa, pero que en momento alguno deje de lado la estela que él mismo ejerce. La escritura amorosa busca el juego de la comprensión de símbolos y signos, de la misma manera que espera del otro la muerte absoluta: como el rayo de luz que ve Saulo en el camino de Damasco , pretende que su escritura anule todo lo demás; de no hacerlo, la escritura no cumpliría a cabalidad con su objetivo, que es apoderarse del amado desde su misma percepción visual, intelectual o sentimental. El anulamiento que busca la carta amorosa es el de la posesión absoluta, lejos de la carne y de los sentidos mundanos, para posesionarse como una deidad recién llegada de un mundo exótico. Leer una carta de amor recíproco es la metáfora del encuentro sexual, en la medida en que se crea la bestia de dos espaldas que anula la existe...