Septiembre
Al darme cuenta de que la lluvia venía desde el oeste, comprendí que era inútil tomar una bici para dirigirme a la universidad. No llegaba velozmente, pero un par de pedaleadas implicarían la ineludible sensación de estar empapado. Así que decidí tomar el metro, como ya lo he comentado en otra ocasión , para así tomarle ventaja a la lluvia. Mi iPod había amanecido fulgurante, brillante y elocuente, así que venía escuchando una selección de música—Radiohead, Led Zeppelín, Scissor Sisters, Bee Gees, Interpol y Cerati— fruto única y exclusivamente de un azar extraordinario . Al bajarme en el Arc del Triomf y dirigirme a la estación de bicing más cercana, sentí las primeras gotas: había sido un intento valiente, pero no me había dado más que un par de minutos de ventaja. La lluvia no era torrencial, y mucho menos pretendía ser huracanada, pero evidentemente la simple idea de sentarme al frente del computador—como lo estoy en este preciso momento— con los pantalones salpicados y la cabeza f...