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Hotel Dante

Siempre me cuesta algo de trabajo decidirme por un camino a casa, sobre todo cuando tengo un ramillete de posibilidades para escoger. Esto sólo sucede cuando se está estrenando camino a casa, que es precisamente lo que sucede ahora. Sin más, aún tengo que venir de la vieja casa casi a diario, porque desocupar un piso de las pertenencias propias es abrir los ojos y reconocer todos los objetos inservibles que vamos recolectado—que a pesar de ser inservibles y de disfrutar de un nuevo nacimiento a la realidad, empolvados y hasta entonces ignorados en alguna esquina de un diván, en la segunda aldaba de una biblioteca café que jamás me gustó, o detrás de esa linda mesa de luz que ha ocultado su blanco después del tiempo. Con una mochila atravesada en la espalda y un cubo metálico y cilíndrico apretado en la canasta del bicing, decidí tomar Valencia hasta encontrar de frente Enric Granados. En algún punto, como siempre, intento evitar las largas cuadras, y dejo a la bici zigzaguear por larga...

Now is the winter of our discontent

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Aún no logro acostumbrarme al cambio de las estaciones. Siento que domino el espacio hasta el momento en que el sol cambia de color, es necesario llevar un saco, el gris predomina. Es entonces cuando soy más consciente que nunca del tiempo, de su paso y de su acontecer. Y no solo es el cambio de colores naturales o de fachadas de edificios, sino el cambio de aquello que define la modernidad de una ciudad: la moda. Es necesario cambiar de posición las prendas del armario, guardar en el fondo del armario o dentro de una caja al fondo del armario las chanclas que acompañaron, y también las sandalias del otoño. El guardarropa de la entrada vuelve a ser visible, y las pantalonetas se ahogan entre ropa de lana al fondo del cajón. Y con todos estos complementos también cambian los objetos encontrados de las calles: ya no son camisetas sino bufandas, ya no es una sandalia solitaria sino un gorro maltrecho. También, sobre todo, es la pareja de guantes. Su aparición es inmediata. En todas part...

El cuento, una calle con salida

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Hace diez días, más o menos el mismo tiempo que llevo alejado del Blog, Carmen me contó dos anéctodas que sacuden la curiosidad y el espanto. La primera: bajaba en bici por la calle Enric Granados, y no pudo ver la camilla que salía detrás de la ambulancia. El choque no se hizo esperar. Cuando regresó su mirada sobre la camilla, pidiendo disculpas, vio el cuerpo envuelto en una bolsa plástica. Era una bolsa pequeña, casi en posición fetal. Pensó que se trataba de algun viejito que llevaba muerto un par de semanas en su casa. Dos días después, saliendo de la casa con Rodrigo. Ven que un viejito maltrata a su pareja, llevándole la mano hacia la nariz con tal intensidad que casi le golpea la cara. Se acercan, y le dicen que sea más suave. Dice entonces: "Llevo 20 años cansado de esto. ¡Muéstrales la mano, muéstrala! Esto no lo aguanto más. Ella se limpia la caca con la mano." Mientras tanto, la viejita a duras penas dice que ella no hace nada. Pero inevitablemente la fuerza del ...