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El viajero

“Allí”, le dijo el viajero, “atravesando las llanuras y recorriendo los desiertos, encontrarás el lugar designado. Déjate llevar por las lunas redondas como senos, déjate arrastrar por las selvas que juegan a ser cuerpos vírgenes. Déjate perder por el laberinto que tú mismo, Dédalo, has creado: déjate ser constructor y conquistado, déjate ser arquitecto y Minotauro. Recorre tu mismo centro que también es laberinto y también es lugar de danzas, dibuja tu imagen en la arena que se irá llevando el tiempo. Déjate ser carnaval, déjate ser fiesta: haz de tus rituales y ceremonias celebraciones largamente esperadas, déjate ser uno y refriega tus pasiones antiguas. Olvida cualquier intento por aniquilar el minotauro, porque en el centro mismo encontrarás el Gran Espejo. No atentes contra reflejos, porque así garantizarás el fracaso.”

Maupassant visitado

Por cuestiones que sólo pueden ser comprendidas por Amor o Destino, aquella noche decidió tomar el teléfono y llamar a su antigua amada; se trataba de su cumpleaños, y Dios sabe cuántos pasaron juntos. Cuando tomó el teléfono sintió el corte de la respiración, la repentina taquicardia, la íntima sensación de estar escuchando a través de un cilindro vacío. Ella agradeció la llamada, y le preguntó por la universidad, la investigación y los viajes a la biblioteca; él, por su lado, le preguntó por sus clases, por las academias y por las traducciones científicas que venía haciendo desde hace unos años. En medio de la ráfaga de noticias que no hacían más que poner al día, él decidió cruzar el umbral de la duda, y atacar de frente. “¿Has estado con alguien durante estos años?” “Sí”, respondió ella, y le contó de Javier, el sevillano con quien había recorrido el norte de África. “¿Tú?”, preguntó ella, entonces él le contó de Nicole, la normanda que había conocido el pasado otoño, con quien hab...

Hotel Dante

Siempre me cuesta algo de trabajo decidirme por un camino a casa, sobre todo cuando tengo un ramillete de posibilidades para escoger. Esto sólo sucede cuando se está estrenando camino a casa, que es precisamente lo que sucede ahora. Sin más, aún tengo que venir de la vieja casa casi a diario, porque desocupar un piso de las pertenencias propias es abrir los ojos y reconocer todos los objetos inservibles que vamos recolectado—que a pesar de ser inservibles y de disfrutar de un nuevo nacimiento a la realidad, empolvados y hasta entonces ignorados en alguna esquina de un diván, en la segunda aldaba de una biblioteca café que jamás me gustó, o detrás de esa linda mesa de luz que ha ocultado su blanco después del tiempo. Con una mochila atravesada en la espalda y un cubo metálico y cilíndrico apretado en la canasta del bicing, decidí tomar Valencia hasta encontrar de frente Enric Granados. En algún punto, como siempre, intento evitar las largas cuadras, y dejo a la bici zigzaguear por larga...

Tres o cuatro minutos

Sentado en la sala revisando algunas cuestiones de Internet, escucho el timbre del teléfono. Reconozco el número, y sé que la conversación será larga. Lo tomo, y antes de contestar, ya abrí la puerta de la terraza. Mientras la cierro desde fuera me pregunta por mi viaje, y yo acerca del suyo. Me dice que desde el tren alcanza a ver una columna de humo, sin saber muy bien a qué se debe. El tren no ha desacelerado, ni se ha detenido, ni han hecho prevención alguna. Yo observo la gente pasar, miro en dirección Francesc Maciá y la punta de la grúa en la esquina de Avenida Roma con Calabria despunta entre las plantas colocadas a la altura de la ventana del piso del lado. El viaje a Pamplona no es largo, me dice, mientras pregunta a alguien acerca del humo. Yo le digo que el vuelo sale el domingo en la tarde, y que tengo planeado escuchar todo El anillo del nibelungo mientras leo una novela perfecta para dejar pasar las horas. Me pregunta si llevo regalos, y le contesto que los justos. Se ...

Un encuentro fortuito

Hace un par de días, pasando justo al frente del Mercadona. Aterrizó en mis gafas algún tipo de insecto que no logré reconocer de inmediato. Como no llevaba ninguna bolsa, simplemente me llevé la mano derecha hacia la cara, y sacudí el aire pensando que era algún mosquito volando al frente. Pero no fue así, porque se encontraba entre el lente y mi ojo, pequeño, demasiado pequeño como para ser una amenaza. Como era apenas evidente, a tan corta distancia no podía ver nada. Así que me quité las gafas, y ahí la vi, una pequeña araña que caminaba a gusto, fue y volvió unas dos veces, hasta que de repente, usando ese dinamismo que sólo le corresponde a las arañas, suspendió el mundo que nos rodeaba alrededor suyo, y descendió un par de centímetros, pero muchos para ella. Elevé las gafas, para ver de más cerca el mismo movimiento, la suspensión, la fijeza de la mirada en un punto exacto en movimiento. Tenía el lomo bermejo, o eso creo. Tenía la apariciencia que dan todas las arañas pequeñas, ...

Paz

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Camino a Menfis

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No creo que haya sido una coincidencia, pero definitivamente se trató de una reaparición que pude recordar plenamente. Ya me había pasado un par de veces, pero siempre lo atribuí al conocimiento previo del término, razón por la cual lo pude reconocer. Pero no me había sucedido con nombres de lugares. Hace poco, en la transcripción de ese gran manuscrito, me topé con la ciudad de Menfis. Yo había oído hablar de la otra, de Memphis, aquella ciudad donde muchos fanáticos un tanto trasnochados afirman haber visto, hasta hace relativamente poco, a Elvis comprando en algún supermercado. Pero nunca la había visto con una efe, así llanamente, sin mayor preámbulo. Estoy seguro de que nunca antes la había visto, porque de haberlo hecho, me hubiera llamado la atención precisamente esto, la variación entre el ph por la f, y hubiera reconocido algo novedoso. Una vez la conocí, supe que se trataba de la capital del antiguo imperio egipcio, localizada a 19 kilómetros del El Cairo. La anoté mentalment...